La mosca y la miel

Un día una mosca recorría un frondoso y enorme bosque en busca de alimento. Voló una larga distancia, y ya no tenía fuerzas para seguir buscando. Tenía días sin probar bocado, y ya no resistía un día más sin comer.

De pronto observó a lo lejos un extraño objeto, al volar más cerca exclamó, ¡No puede ser lo que ven mis ojos! ¡Qué agradable sorpresa! ¡Por fin voy a poder comer!

Frente a ella se encontraba en un viejo árbol, un suculento panal, totalmente lleno de miel, se veía muy provocativa.

La mosca voló inmediatamente hacia el panal posándose en él, y así, emocionada por el hallazgo, probó una y otra vez la deliciosa miel. Era tan extraordinario su sabor, que no podía dejar de saborear la miel ni un solo minuto.

Decía a cada instante ¡Ummm qué rico! ¡Qué delicia! ¡Qué suerte tan grande tengo! ¡Conseguí un verdadero tesoro!

Pero se interesó tanto en saborear la comida que no se dio cuenta, que sus finas y débiles patas, con cada movimiento se iban hundiendo poco a poco en la miel. Cuando al fin decide irse del panal, notó que no podía alzar el vuelo.

La indefensa mosca insistía una y otra vez en volar, pero lejos de salir de aquel trance, todo se complicó. Al punto que comenzó a ahogarse, en aquella apetitosa y suculenta miel.

Sentía que ya no tenía fuerzas para salir de allí, había agotado todos los recursos para soltarse y poder volar. Sola y sin esperanzas exclamaba ¡auxilio! No aguanto! ¡auxilio! ¡Por favor ayuda! ¡No tengo salvación ya mi cuerpo no aguanta más! ¡Alguien que me ayude a salir!

Pero sus gritos fueron en vano, nadie la escuchó.

Y pensar que todo esto ocurrió, por la desesperación de comer todo de una vez.

Debemos ser precavidos y no dejarnos deslumbrar ante lo que nos gusta, ya que por querer tener más de la cuenta, nos puede causar mucho daño.

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