EL Conejo y la Luna Llena

A continuación voy a narrar una antigua y hermosa leyenda azteca, que comenzó hace muchos, pero muchos años atrás, cuando el Dios Quetzalcóatl decidió hacer un mágico y largo viaje alrededor del mundo.

Para emprender su itinerario por varios lugares, este Grandioso Dios decidió esconderse detrás de una forma humana y real, para nunca ser reconocido.

Se decía entre los integrantes de las tribus que este Dios antiguo tenía la forma de una larga y espectacular serpiente, siempre adornada con alegres y brillantes plumas doradas y verdes.

El Dios Quetzalcóatl comenzó su maravilloso y largo viaje subiendo montañas y pasando por bosques de hermosa y espesa vegetación, sin descansar un solo momento.

Maravillado por ese hermoso recorrido, no se daba cuenta del cansancio, de no tomar agua ni consumir comida. Entonces tuvo la necesidad de detenerse para recuperar fuerzas.

 

Ya dispuesto a disfrutar del encanto y la paz que le proporcionaba la naturaleza que tenía frente a sus ojos, diviso una enorme roca y se sentó a descansar y a recordar todo lo maravilloso y especial que había vivido durante su recorrido.

Sin darse cuenta pasaron las horas y llego la noche, una hermosa noche veraniega con un cielo adornado con miles de brillantes y grandes estrellas, que junto a una redonda y brillante luna eran el marco perfecto para los sueños del Dios.

Él, maravillado por aquel espectáculo solo decía:

-No lo puedo creer, que hermosa es la vida y la naturaleza, esta es la imagen más bella que han visto mis ojos.

Después de pasar un rato maravillado ante ese hermoso espectáculo, observo a su alrededor que estaba mirándolo fijamente un blanco y alegre conejito. Este estaba saboreando una grande, rica y deliciosa zanahoria.

-El Dios le pregunto asombrado, saludos conejito ¿Cómo te va? ¿Qué comes con tanto gusto?

El conejo le respondió de manera pícara y vivaz:

-Una rica y jugosa zanahoria, señor. ¡Si deseas la podemos comer juntos!

-Te lo agradezco infinitamente, le dijo el maravillado Dios, pero yo no como zanahoria.

– El conejo le respondió:

– ¿Pero qué comerás entonces en esta noche brillante? Se te mira muy cansado y con mucha hambre.

El Dios le respondió:

-Tienes razón amable conejo, si no como algo ya, seguramente moriré de hambre.

Ante esta afirmación, el conejo se sintió mal pensando en el final de aquel hombre, pero tuvo una idea y enseguida se la comunico:

– Amigo he pensado mucho y como solución para que no mueras de hambre, me ofrezco de manera generosa para que me comas y así puedas sobrevivir.

El Dios Quetzalcóatl quedo impactado y profundamente agradecido del hermoso gesto del conejito, no podía creer aquel ofrecimiento.

Tomo el conejo y le dijo con hermosas palabras lo siguiente, querido amigo a partir de hoy, serás recordado por miles de años. Esto te lo mereces por ser tan maravilloso ser.

Emocionado lo alzo tan alto durante varios minutos que la figura del conejo quedo plasmada en la superficie de la gran y redonda luna. Cuando  lo bajo el conejo quedo maravillado y saltaba de alegría al contemplar su bonita figura brillante en aquella luna.

EL Conejo y la Luna Llena

Se despidieron, pero no sin antes el Dios decirle:

– Los hombres cambiaran cuando pasen los años y los siglos, pero tu recuerdo perdurara cada renacer de luna llena.

Y después de tantos siglos que han pasado, su promesa sigue cumpliéndose. Si la noche está clara como agua de río y miras con atención y amor la luna llena, verás con toda seguridad la hermosa silueta del maravilloso y amable conejo, que hace tiempo atrás quiso sacrificarse sin dolor ni miedo al Dios Quetzalcóatl.

Deja un comentario