El gran lío del pulpo

En un océano muy azul y profundo, vivía un pulpo muy tímido y silencioso. Le gustaba mucho salir a caminar y conocer diferentes lugares, pero siempre hacía esos viajes solo.

Su vergüenza y miedo no le permitieron relacionarse con la gente, y aunque quería tener muchos amigos, fue una tarea muy difícil para él.

Un día, decidió tener una aventura diferente, se le ocurrió pescar una ostra. El pulpo pensó que era fácil, pero resultó ser un desastre.

El molusco era muy esquivo y en su afán por agarrarlo, no se daba cuenta de que sus tentáculos con cada movimiento y esfuerzo se volvían cada vez más enredados, hasta el punto de no poder moverse.

 

Al encontrarse atado, rápidamente buscó una manera de liberarse, pero todo lo que hizo fue en vano.

Lo intentó una y otra vez, hasta que sus fuerzas empezaron a fallarle. Así, se quedó un buen rato, y a pesar de la enorme vergüenza que lo miraran en ese estado, no tuvo más remedio que atreverse a pedir ayuda a los peces que nadaban cerca de él.

Pasaron varios peces y ninguno le prestó atención. Cuando sus esperanzas estaban a punto de agotarse, se acercó a él, un pececito muy simpático y gentil que le ofreció apoyo para que lograra deshacerse del enredo en el que se encontraba.

Después de unos minutos de esfuerzo, finalmente se soltó el pulpo. Y a pesar de sentir la buena voluntad y el compañerismo del pez, su timidez no le permitió hablar con él y ser su amigo. Simplemente le agradeció su gesto y rápidamente abandonó el lugar.

Algún tiempo después, se fue a dormir, pero muchos pensamientos lo invadieron sobre lo sucedido. Entre ellos, había perdido una excelente oportunidad de tener un buen amigo.

Días después, el pulpo decidió descansar entre unas rocas, pero su tranquilidad cambió de repente. Notó varios peces nadando. Esta reacción repentina le llamó su atención y decidió observar lo que sucedía.

Mirando el lugar de donde venían, ¡vio un pez enorme! ¡Demasiado grande! Que había venido a comer a esa zona. El enorme animal acuático lo sorprendió tanto que decidió buscar un lugar para esconderse.

Pero sorprendentemente observó que el pez horrible perseguía al pez amigo, que días atrás lo había ayudado. Inmediatamente se dio cuenta de que necesitaba ayuda urgente, porque nadie se atrevía a enfrentarse a ese temible depredador.

El pulpo, recordando lo que hizo el pececito por él, decidió afrontarlo como estaba. Se armó de valor y se plantó frente al enorme pez, tan rápido que logró sorprenderlo.

Aprovechó ese momento y arrojó un chorro de tinta oscura para confundir al depredador, agarró al pez e inmediatamente buscó un escondite.

El gran lío del pulpo

Cuando el pez gordo logró reaccionar, quiso buscarlos para comérselos, pero sintió una extraña sensación, primero en las branquias, luego en las aletas y finalmente en todo el cuerpo.

Fue una reacción alérgica, provocada por la tinta del pulpo. Rápidamente se alejó del lugar, cubierto de picazón y mucha incomodidad. Los peces, sintiéndose seguros y sin la presencia del gran pez, salieron de sus escondites para felicitar al pulpo.

El pececillo se acercó a los compañeros y les contó lo que el pulpo había hecho por él días antes, y expresó su emoción, sabiendo lo agradecido que estaba el pulpo. Exponiendo su vida como muestra de gratitud.

Así, el pez descubrió lo extraordinario que era el pulpo tímido. A partir de ese momento, los habitantes de las rocas se convirtieron en sus amigos, por ser valiente y agradecido.

 

 

 

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