El mono y la dulce naranja

Hola, amiguito, en esta oportunidad te contaré la historia de Jacinto, un mono astuto y pícaro, que más que primate parecía mula, esto por lo testarudo que era. ¿No me crees? Te invito a leer su historia y verás que tengo razón en hacerle esta increíble comparación.

Una calurosa mañana de verano, Jacinto hacia maromas por pelar una hermosa y deliciosa naranja que quería comerse, pero, al mismo tiempo se moría por rascarse la cabeza debido a que le picaba muchísimo.

Intento colocarse la naranja en la boca para con sus dos manos calmar el insoportable malestar que le provocaba la picazón, pero la naranja se cayó al suelo al no poder sostenerla.

Luego de rascarse por un buen rato, se inclinó a recoger la naranja del suelo y de un feroz y potente mordisco le arranco un gran pedazo. Al momento eso le supo horriblemente amargo y tuvo que escupir aquel trozo de la dulce fruta. Jacinto paso largas horas con ese amargo y desagradable sabor en su boca.

En ese momento tuvo otra idea, sujeto fuertemente con un pie la fruta y fue intentando eliminar la corteza con una de sus manos, mientras que con la otra no dejaba un minuto de rascarse.

Aquello le provoco una momentánea felicidad, pensando que lograría pelar la fruta, pero aquel acto finalizo al producirle un terrible dolor de espaldas por la posición adoptada, así que este plan tampoco le funciono.

Jacinto ya molesto y desesperado, se le ocurrió otra excelente estrategia, a ver si esta vez lograba el objetivo. Se sentó en una roca, tomo de nuevo la naranja con su mano derecha, mientras seguía con la izquierda rascando su cabeza sin parar, la coloco entre sus rodillas para pelarla, pero tampoco funciono esta nueva y fantástica estrategia.

La naranja se le resbaló y cayó rodando en el pasto, llenándose de tierra y restos de hojas secas. Jacinto estaba muy enfadado y hambriento, pero no se dio por vencido diciendo:

-Debo pensar en algo, mientras se rascaba la cabeza.

-! Esta naranja me la cómo, porque si!, replico.

Ni por todos los malos momentos que había ya pasado, Jacinto dejo de rascarse su cabeza, empeñado en realizar dos actividades a la vez. Lanzo la naranja muy lejos y se dejó caer triste sobre la hierba y se puso a pensar:

-Es increíble que yo, siendo uno de los animales más hábiles e inteligente del mundo, no consiga pelar una simple naranja, estoy perdido.

Pero cuándo se disponía a levantarse y a retirarse a su árbol a dormir, le vino una fantástica idea a su cabeza.

-Si dejara de rascarme durante un rato la cabeza, sería más fácil pelar la naranja con las dos manos.

– Ha, ha, ha ¡Que tonto he sido!

-Solo tendría que aguantar el picor de mi cabeza un par de segundos, hacer un pequeño y soportable esfuerzo y pelar la fruta sin ningún problema.

Esta idea le dio el resultado esperado. Corrió a buscar la apetecible fruta, la recogió sin perder un minuto, la lavo en el río, y acto seguido usando sus dos manos le retiro la cáscara con absoluta facilidad. Feliz y dando gritos dijo:

-Hurra, ¡Lo he logrado!

El mono y la dulce naranja

-No puede ser que haya pasado tanto rato tratando de pelar esta deliciosa fruta. Luego se sentó a saborear el manjar y riendo expreso:

-La verdad es que he hecho un problema tan grande de algo tan simple, nada es complicado, ¡el complicado era yo!

Si en alguna oportunidad te toca realizar dos tareas a la vez, es mejor que coloques toda tu atención en una sola, la finalices de manera correcta y luego te dediques a realizar la otra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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