El niño y su cohete de papel

Hola, amiguitos comienzo a relatar la hermosa historia de Juan, un niño pícaro y alegre de 10 años. Su más grande y fabulosa ilusión desde pequeño era convertirse en astronauta y tener un fabuloso cohete que lo llevara noche a noche hasta la luna, las estrellas y los diversos planetas del infinito y misterioso universo.

Un día, caminando desde su escuela hasta su casa, después de un fantástico día de tareas y juegos con sus amigos observo una caja grande. Contenía unos hermosos dibujos de un cohete de brillantes colores.

Saltando de alegría la recogió pensando que en su contenido tendría el juguete de sus sueños, pero al abrir la caja ¡Qué enorme sorpresa! se encontraba en su interior un cohete realizado en papel, ¡Si niños como lo leen, era un simple cohete de papel!

Pero a pesar que los días y los meses pasaban, Juan no dejaba de pensar en su sueño y cada vez que podía se dedicaba a soñar y soñar. Hasta que un día, se decidió a recolectar y buscar papeles, cartones, pinturas y muchos materiales de alegres y vivos colores.

Con la ayuda de sus amorosos padres, Ana y Luis crearon en su habitación un fabuloso escenario lleno de planetas, el sol, la luna y muchísimas estrellas para jugar con su cohete de papel.

El trabajo fue dificilísimo, pero el resultado parecía una mágica ventana abierta al espacio sideral. Juan encantado por su escenario, tras realizar sus actividades escolares pasaba horas y horas jugando en su espacio favorito y soñado.

El niño y su cohete de papel

Una tarde, una familia amiga de sus padres visitó la casa de Juan con su pequeño hijo Antonio y al compartir durante horas en el cuarto de Juan, el niño quedo maravillado de su fantástico mundo.

Al llegar la hora de despedirse Antonio le hizo una estupenda propuesta.  Cambiarle su escenario de juegos y sueños y su ya desgastado cohete de papel por un increíble, grande y elaborado cohete que el tenía en su casa, regalo de su padrino Andrés.

Antonio no le tenía el cariño y el amor que se le debe tener a los juguetes, Juan casi se vuelve loco de la emoción y de la alegría porque aquel cambio representaba acercarse más a su sueño de niño y acepto gustoso la idea.

Pero desde aquel cambio Juan al comenzar a jugar y soñar con su nuevo juguete, pensaba y echaba muchísimo de menos a su viejo y desgastado cohete y su maravilloso escenario construido con esfuerzo y amor junto a sus padres.

Pero ya no podía hacer nada porque había realizado un pacto de cambio con su amigo Antonio y no podía dar vuelta atrás. Desde ese entonces Juan aprendió a valorar y querer lo que tenía.  Aquello que realizó con empeño, pasión y amor.

Comprendió además, que la felicidad y la alegría no dependen de las cosas materiales costosas y a pesar de no recuperar su cohete, nunca, pero nunca se olvidó de su fantástico sueño.

Hoy Juan con muchos años y a pesar de no convertirse en el astronauta que soñó desde niño, es el pilar fundamental de una excelente familia donde su hijo Carlos Alberto con dos años de edad, tiene los mismos gustos que su padre y su pasión por los cohetes y el hermoso espacio sideral.

Deja un comentario