El pájaro “tijereta”

Relata la leyenda Guaraní, que hace muchísimo tiempo, el Dios Tupac dispuso, que el alma de todos los pobladores que murieran, llegasen al Ivaga (Cielo), volando como aves.

Para esto, Tupac diseñaba unas alitas que entregaba a sus enviados o mensajeros en la tierra, para colocarlas al Anga (alma) e iniciara su vuelo hacia el cielo. Estas alitas no eran visibles al ojo humano, nadie las podía ver.

Al llegar cada alma al cielo, Tupac se encargaba de asignar un ave de acuerdo al comportamiento de la persona en la vida terrenal, es decir tomando en cuenta su personalidad. Su trato con los demás, carácter bueno o malo, trabajador o flojo, mezquino o bondadoso, ladrón o piadoso, amante o no de su familia y vecinos, hablador o callado.

Así, Tupac iba viendo y analizando cada alma para asignarle su aspecto de ave escogida para ella. Cuenta la leyenda que en una aldea Guaraní vivía una viejecita, la cual estaba muy mayor y sufría de muchas dolencias y era cuidada y atendida todo el tiempo por su hija, quien era una persona muy abnegada.

Adoraba a su viejecita a la cual atendía con mucha devoción y cariño. Esta muchacha era costurera y en el pueblo todos la querían por ser trabajadora y muy diestra en hacer ropas y vestidos, que los diseñaba ella misma. Era muy solicitada por su creatividad.

Como cosa curiosa, esta India costurera, tenía la costumbre de llevar siempre sobre un delantal blanco su tijera de cortar. Era muy brillante y la amarraba en su cintura al caminar.

El pájaro “tijereta”

Sucedió entonces que la humilde viejecita murió, esto fue un golpe terrible para la joven india. Ya no tendría a su mamá y esto le ocasionaba profunda tristeza, melancolía y mucho pesar. Así pasó el tiempo y la pobre india no soportaba estar más sola sin su madre y llegó el día en que embargada de inmenso dolor y sintiéndose sola, también falleció.

Al morir, Tupac envió por su alma a sus emisarios, quienes bajaron y le colocaron sus alitas y la indiecita subió al cielo y se presentó ante su Dios Tupac. Este al verla  y reconocerla como la laboriosa costurera,  que había muerto de dolor y tristeza por su madre,  le asignó la forma de ave con un plumaje color negro, con la garganta y su pecho color blanco.

No le dio colores alegres ni vistosos, debido al dolor y la tristeza que le inspiraba la avecilla. Ante tal plumaje, la avecita le dijo a Tupac:

Dios generoso y bueno, antes de irme a recorrer los valles y montes, deseo pedirte un inmenso favor.

Tupac la observó y le dijo:

 -Pídeme lo que desees te lo mereces, tú fuiste una persona muy querida, trabajadora y adoraste y cuidaste mucho de tu madre.

La indiecita le pidió:

Deseo mi gran Dios que me pongas una tijerita en mi plumaje, pare recordar siempre a mi madre.

Tupac la complació y a cada lado de sus alas, en cada extremo lateral de su cuerpo, le colocó dos largas plumas negras, que semejan una tijera y la llamo “Aguai Yetapac”, que quiere decir, “Cola de Tijera”.

Desde entonces al volar y surcar los cielos, el ave levanta su cola de tijera, y parece cortar los aires al abrir y cerrar las alas.

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