Juan Sin Miedo

Había una vez un pequeño, pero hermoso pueblo, dónde vivía un anciano con sus dos hijos. El mayor, Pedro, era muy trabajador y su padre estaba feliz por el cariño demostrado hacia él, mientras que del más joven, Juan, solo recibía disgustos y malos tratos.

Un día el padre, cansado de la actitud de su hijo menor lo llamo y le dijo:

– Mi querido hijo, ya estoy anciano y no tengo mucho que dejar de herencia a ti y a tu hermano, me preocupa que no hayas estudiado, ni aprendido un oficio que te permita vivir cómodo y te sirva de sustento, cuando estés mayor.

-A ver, ¿Dime qué te gustaría estudiar o aprender?

Juan en tono de burla le contestó:

-Padre siempre he escuchado relatos de monstruos, fantasmas y aparecidos, yo al contrario de muchas personas no siento nada de miedo. Es lo que quiero aprender, a sentir el temor.

El padre se molestó muchísimo y le gritó:

– Muchacho madura, estoy hablando de tu porvenir y tú solo piensas en la ridícula situación de aprender a tener miedo.

– Si es tu decisión, pues recoge tu ropa y te marchas.

Juan sin dudarlo un momento, recogió sus pertenecías, se despidió de su padre y hermano, y emprendió su marcha. Al cabo de un rato de estar caminando, se encontró cerca de un molino a un sacristán con el que de inmediato inicio una conversación. Le dijo:

-Buenas tardes, es un gusto conocerlo, mi nombre es Juan sin miedo.

-Buenas tardes, muchacho, respondió impresionado el sacristán, ¡Extraño nombre!

Juan le dijo:

Amigo nunca he conocido el miedo, por esta razón he dejado mi casa a ver si alguien me puede mostrar lo que es sentir miedo.

El sacristán le respondió:

– Yo puedo ayudarte en eso, cuentan que más allá del valle, existe un castillo hechizado por un misterioso mago.

-El rey que allí gobierna ha prometido en casamiento a su hermosa hija, a aquel hombre que consiga romper el hechizo del castillo y recuperar su maravilloso tesoro.

-Hasta ahora, todo aquel que lo ha intentado ha huido asustado, y en el peor de los casos ha muerto de lo que no tienes tú, miedo.

Juan se emocionó mucho y pensó: voy a probar a ver si al fin siento miedo.

Tomo camino, y visualizó a lo lejos un enorme castillo, se acercó y le dijo a los guardias reales:

-Soy Juan sin miedo, y deseo conversar con vuestro Rey, quiero que me permita pasar a su castillo y ver si puedo sentir la sensación de miedo.

Juan Sin Miedo

Ya frente al Rey, escucho atentamente las condiciones. Sí logras pasar tres noches seguidas en el castillo, derrotar a los malos espíritus y, devolverme el tesoro, en recompensa te cederé la mano de mi bella hija, y la mitad del reino.

Juan pasó una tras otra noche venciendo a cada uno de los espectros y aparecidos sin tener una pizca de miedo, logro en el tercer día vencer al poderoso mago que antes de desaparecer le dijo:

Mi magia es poca contra ti, me derrotaste y dejaré el castillo como antes.

El rey le concedió lo prometido a Juan, pero aun así, no había logrado sentir miedo, hasta un día que su hermosa esposa mientras Juan dormía, lo sorprendió con una hermosa pecera repleta de peces.

La princesa tropezó justo con el borde de la cama, y lanzo sobre Juan el agua y los peces. Juan despertó muerto de miedo, al sentir los peces y el agua justo en su cara.

La princesa no paraba de reír pensando que algo tan simple, había logrado hacer sentir miedo a Juan. Ella juró guardar el secreto. Desde allí se conoce la leyenda de Juan sin Miedo.

 

 

 

 

 

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