Las lágrimas de la luna

Hace muchísimos siglos el Sol Antu y la luna Cuyen, eran muy buenos amigos y juntos disfrutaban de las maravillas del universo. Hasta que el Sol Antu se decidió a hablar con el Espíritu Kenechen, gran protector del pueblo Mapuche, para decirle que estaba muy enamorado de la Luna Cuyen.

Deseaba que dicho espíritu los uniera en matrimonio para toda la vida, a lo cual accedió el espíritu. Fue así que el Sol Antu se armó de valor y le confesó a Cuyen que la amaba y que aceptara ser su esposa, cosa que emocionó a Cuyen quien profesaba gran admiración y afecto hacia él y le respondió que lo aceptaba como esposo.

Al poco tiempo se casaron y se compartieron sus tareas. Cuentan que Cuyen era muy tierna, bondadosa, gentil y amable, que se encargó de las necesidades y asistencia de las mujeres abuelos y niños.

El Sol Antu, quien era de carácter más fuerte y rudo, se encargó de los requerimientos y asuntos de los hombres. De esta manera fueron felices por mucho tiempo, contemplando juntos las maravillas del universo, custodiando y protegiendo al pueblo Mapuche.

Pero cierto día, las cosas comenzaron a ir muy mal entre Antu y Cuyén, las discusiones fueron frecuentes, hasta que llegó el momento inevitable de la separación.

Decidieron estar cada uno por su lado y no volverse a ver más, por lo que ella, la Luna, decidió salir y alumbrar con su luz de plata solo en las noches y el Sol con su calor y fuerte luz incandescente, decidió entonces solo salir de día.

Un día, estando el Sol Antu, contemplando las maravillas del universo, vio de repente a una dama bellísima que se paseaba por las montañas y el Sol Antu se enamoró de inmediato de ella, llamó su atención y la atrajo hacia él.

Se la llevó a un lugar del cosmos para estar juntos, le puso por nombre Collipal, que quiere decir “Astro Dorado” y para nosotros “Lucero”. Al pasar del tiempo la Luna Cuyén, sintió deseos por ver de nuevo a su amado esposo y en una de sus noches de travesía, los observó muy enamorados, dedicándose frases muy tiernas de amor.

Fue terrible para la Luna Cuyén, enterarse del amor entre el Sol y la Estrella Collipal. No se pudo contener y entró en una terrible crisis que la hizo comenzar a llorar y llorar.

Las lágrimas de la luna

Sin poder contener su llanto y sus lágrimas pasaron muchísimos días. Al terminar de llorar la Luna miró hacia la tierra y cuál no sería su asombro al observar que sus lágrimas vertidas durante tanto tiempo, habían servido para la creación de ríos, lagos y manantiales en el sur de las montañas de Chile.

La tierra se llenó de árboles frutales y de toda clase de animales. Su adorado pueblo mapuche estaba increíblemente hermoso. Cuyén al ver estos bellos paisajes volvió a ser de nuevo muy reluciente y su carácter alegre para siempre.

Por su parte el Sol Antú al ver la gran maravilla creada por la Luna Cuyén también sintió mucha emoción y ganas de llorar, pero no mostraba sus lágrimas pues siempre las ocultó detrás de las nubes, de la pena que sentía ante Cuyén.

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