Tarahumara y su muñeca

Tarahumara era una pequeña y dulce niña que vivía junto a sus padres en la selva. Tenía como compañera de juegos a una hermosa muñeca, que ella misma había realizado con una mazorca de maíz. Hasta la ropa le realizó con hojas de la misma planta.

Su juguete era muy sencillo y humilde, y ella la llevaba consigo a todas partes. Jamás se separaba un instante de su muñeca, nada en el mundo le gustaba más que jugar con su muñeca.

Por la mañana al despertar, su madre le servía el desayuno y ella jugaba a darle comida a su inseparable amiga, y por las noches la acurrucaba a su lado para dormirla.

Muchas veces la mamá la llamaba insistentemente para que la ayudara con los oficios de la casa:

¡Tarahumara, ayúdame a prender el fuego!

-Niña vigila la sopa que voy a buscar frutas para hacer un delicioso jugo.

Pero ella, siempre estaba distraída jugando con su muñeca de maíz y no le prestaba cuidado a lo que su madre le pedía.

Una mañana como siempre, su mamá le pidió un favor y ella no le prestó atención, por lo que su mamá se enfadó mucho con ella.

-Mi hija querida, esta situación no puede seguir pasando, me encanta que pases tiempo con tu juguete, pero yo no puedo sola con todos los quehaceres del hogar, debes y tienes que ser más responsable.

Ella muy apenada le respondió:

– Lo sé mami, pero es que no quiero separarme ni un segundo de mi amada muñeca.

Mi niña, le respondió su madre, este es el último aviso que te hago, si sigues con ese comportamiento no me vas a dar más opción de quitarte esa muñeca.

Tarahumara le dio un miedo terrible. Por nada quería perder su hermoso juguete. Tomo a su muñeca y corriendo llego junto al fabuloso río del pueblo. En una gran roca se encontraba su amiga la tortuga, con quien solía compartir alegres.

Hola, amiga, ¿Qué haces por el río tan temprano?

Con voz triste y llorosa, le dijo:

– Quiero encontrar un sitio secreto para esconder mi muñeca.

Eso es muy fácil, por ejemplo cuando yo voy a poner mis huevos, abro un hueco en la arena y los entierro para que no tengan peligro.

A Tarahumara le pareció una excelente idea y sin perder tiempo comenzó a cavar un gran agujero en la arena junto al río. Metió su muñeca y la cubrió de arena y hojas secas para disimular dónde la había escondido.

– Regresa a tu casa le dijo la tortuga, tu madre debe estar preocupada.

-Pero ve tranquila, como oculté mis huevos justo al lado donde colocaste tu muñeca yo estaré vigilante de los dos escondites sin problema.

Regresó a su hogar con la total confianza que su amiga la tortuga cuidaría de su hermoso tesoro. Al llegar a la casa comenzó a caer una lluvia muy fuerte, qué duró durante varias semanas.

Tarahumara no pudo salir debido a las condiciones del tiempo, permaneció junto a su familia al calor del fogón, tejiendo hermosas alfombras y ropa para abrigarse del cruel frío.

Después de tantos días de lluvia, al fin llego la primavera al pueblo, y Tarahumara salió corriendo al río a buscar a su amiga, pero ¡sorpresa! En el lugar había nacido una gran y espectacular planta de donde salían muchas mazorcas de maíz.

Tarahumara y su muñeca

Tomó las mazorcas y llegó a la casa. Con la mazorca más grande elaboró una muñeca más hermosa que la anterior.

Y feliz junto a su madre y su nueva muñeca prepararon deliciosas tortillas para celebrar y agradecer la ayuda brindada en todas las tareas de la casa.

 

 

 

 

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